Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

lunes, 3 de junio de 2013

Ingenuo

Para ELLA.


Sofocas, refrescas, entibias mis antojos… Eres verano de la noche, una hoguera eterna que no se extingue ni con la escarcha de mis ojos. Letanía de deseo es tu risa, tu voz, tus sollozos, hablas y pareces rehén de un orgasmo que ni vives, pero que de ti ya es propio. Dormido y desnudo te consideraba casi santo, hasta aquella noche en la que te tire sobre el camastro, reías, pedías me recostara a tu lado, que soplará mi aliento sobre tu nuca, que me fuera desnudando; te miraba y me mirabas, pecamos sin tentarnos; sin besar tu boca te fui acomodando, sobre mi cuerpo, sobre la ironía de mis actos, fue cuando me percate de tu sonrisa fiera, lasciva, sin encanto, pero hice mío tu antojo hasta que mis ganas dormitaron; al verte cansado, extasiado y defraudado, te bese la frente sólo por descaro, te alejé de mi piel, de ti me había hartado, habías sido por días mi deseo constante, el hombre del que casi me había “enamorado”, pero lo arruinamos en una noche, pues te conocí todo sin pedir amor ni un beso en los labios, así que después de aquel hervor ya nada quedaba por descubrir, tu cuerpo había sido mío sin ningún tipo de anhelo, sin ganas de ser amado. Entonces me levante, una de mis manos habías tomado, me dijiste: ¡Espera!, pero te avente sobre el camastro… Me dijiste: ¿Te veo mañana, en la noche como acordamos?, pero una carcajada solté, burle tu cara de tonto, de ingenuo, de bastardo… Y conteste: Eres fácil, ansias un cuerpo simple, yo busco un hombre más arcaico, uno que desvele mis noches con sueños, que me enamore antes de besarlo, uno que sea difícil, no un simplón caliente, no tú, te creía más extraño… Después te levantaste y me gritaste: ¡ME LARGO estúpida, un hombre como yo no volverás a encontrar ni en 100 años!... Fue cuando conteste: Eso sin duda, gracias por ser mi vil letargo.

Jueves 3


[Y los meses quizás pacen en el calendario, pero todos los jueves arrastrarán el efluvio de un recuerdo estancado]

Jalea de lavanda, púrpura color de otoño,
urdían juntos en el alba, un amor que odio,
ensimismada por tu sonrisa
veía en el cielo gris una herida, que
en tu aroma se fundía por tu cabeza
sobre mi pecho sentir y nada dolía.

Tres días habían pasado, desde el
renacer del mes que se advertía frío,
eso una insolencia fue, tu calor
sobró aquél día en el que tú te hiciste “mío”.

Dedos impacientes peinaron tu cabello
el mismo que inició todo mi revuelo.

De ti, esa tarde quise todo,
inmacular tus labios de toda nostalgia,
ceñir tu cuerpo con mi naturaleza agitada,
intentando amar lo que la vida me regalaba,
era el obsequio más bello de toda alborada
mirando tus ojos me sentía tu ama
balanceando mi voz al ritmo de tu
risa caprichosa, que delataba a
ese niño que llora con una simple oda.