Escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

viernes, 9 de diciembre de 2011

PECADO

De vainilla los labios,
de placer la mirada,
que de lujuria remoja
mi calma, mis ansias.

Tu poesía es manzana,
desnudez de palabra,
con los dientes carcomo
tu beso y suavizo tu cama.

Por tu respiración, llueve
rocío en el pabellón de
mi espalda, desliza mi
nuca y me siento varada,
entre el deseo, el amor
y la calma; tu pecho es
veneno que inocula mis
ganas y enredo mi cabello
en tu cuello con farsa, es
un velo lascivo que juguetea
con tus férvidas palmas,
el frenesí es insonoro a tus
sollozos que arrancan,
uno a uno mis deseos de
ser tuya sin son de calma.

Que el brío de tus ojos
bostece el placer, de
hallarme contigo si tiento
sutil, tu piel con mi piel.

La noche se acaba, nos
castiga la fatiga, si mañana
mi voz te grita, juro peco
contigo sin razón, por vil desidia.

Esencia de cocoa

Arribas en el alba del olvido,
un suspiro alargas,
has perecido,
las hojas crujen y
un escondido silbido,
disfraza "amor" y resucita
tu voz,
tu tácito camino.
Si hilo mi dolor,
un ropón te tejo
y lo abrigo en el piñón
de tu piel, de tu sabor,
olvido tu adiós que deslíe
mi silencio,
que amarga la pasión
de halar tu ser
hasta mis desvelos;
si vuelves,
dime hoy que no demoras,
que un tramo de
"amor" por mi desbordas,
que cuando sucumba
el invierno vendrás
a solas, a entregar tu
"amor" de hora en hora,
sin restricción amaré tu sombra,
que se enciende con esencia
de cocoa,
que esconde las miradas turbias
por clamor, un clamor
que está de sobra.

3:00 AM

El otoño renace
en luz de alborada,
amarra mis manos
y apuñala mis palmas,
la tinta me hurta,
mis lagrimas acaba,
cuando miro la Luna
el dolor me hace falta.
Bostezo tu recuerdo,
tu promesa, bohemio,
sobria de tu "amor"
camino en silencio,
por nuestras veredas
corazón, el alquitrán
se hace dueño de
mi respiración, de la
que un día fuiste eco.
Refresca mi pasión
tu vainilla, el licor,
los versos vuelan,
repelen mi intuición,
por deletrearte prosas
resucita un gran dolor,
amargo, turbio, no sacia
nunca tu condena de
ilusión…