Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

sábado, 9 de octubre de 2010

ARRASTRATE!

[Encontré este poema en mis escritos viejos...esta inconcluso...ya no merece un final, ya que su objetivo ha muerto como el recuerdo de a quién va dirigido]

Tórrida velada de mayo,
turbio y denso néctar de alcohol,
luna, luceros y un corazón sin Dios,
se acunan en las laderas
de la dicha con declive de aflicción.

Embriagante zumo de frambuesa
de entre mis dientes corre
con palabras de insolencia,
me mantengo atada al suelo,
no indago tus pasos con insistencia.

Los colibríes del viento
fuerzan mi respiración con sus alas,
me estrangula que me busques
aunque sea con la mirada,
es de noche y la calma se tiñe dorada.

La lumbrera del mar rosado
ya se va a apagando
y en un montón de lirios marchitos
el licor te corrompe y libera tu valor,
te acercas y me ofreces tu dolor.

Sonrío y la demencia no me estorba,
siento como se escurre la ironía de mi boca,
risotadas tiro a tu lánguida clemencia,
finjo ser yo quien no recuerda,
por tu nombre no te llamo, no estoy cuerda.

Almibarada es la voz de tu garganta,
se estremece como mar en días de tormenta,
tiene miedo y fenece con la reyerta
de mi apostasía, esto es un sueño,
no es real que te arrastres como quería.

Temes, pero quieres sucumbir mi vista,
al sentirte pronto a mi piel
los impulsos no me dejan sumisa,
la templanza soñada se hace trizas,
odio que vuelvas a difuminar mi vida.

El ocaso de este día sin estelas
de cobardía, culmina con las cenizas
de habano con hierba que brilla
y el alcohol que sublima las heridas
adormece nuestros labios para no besar tu risa.

Lo beodo de mi cuerpo no me deja
echar a andar un paso y no te hiera,
azorada y somnolienta por los lirios
sugiero evadir por hoy sus gritos,
te insto a salir, si quieres, de aquel ruido.

El suelo parece íntimo de repente,
plantarse en el es un arte, me siembro
para cosechar un poco de paciencia,
me extraña lo amargo de la escena
pues la muchedumbre ríe como fieras.

Tu orgullo se derrite con la calidez
de tus palabras y tus dientes se quiebran
por tu avenencia de enero ver devastada,
yo me prometí jamás volverte a seguir
y mírame ahora, fuerte, me restrinjo de ti.

Negar que te quiero besar no
puedo decir, tus labios bermellones
son mi débil acicate desde que te conocí,
tampoco desmiento que al estar junto a mi
me siento tan dichosa al oírte “plañir”.

Lamento sentirme feliz por mirarte
así, causándote daño, siendo débil
y sin parar de decir:: ¡Perdóname! con
un tono de arrepentimiento, que viviste
desde que me escupiste tu tan altivo sentir.

SUEÑOS Y ESTUPIDEZ

Un día a un hombre
mi ser quise entregar,
quise socavar su llanto
y toda sus desdicha
en mi pecho destrozar,
hoy han pasado casi cien días
y no lo puedo olvidar,
su canción por las noches
me despierta,
no me deja descansar.

De vez en cuando
visita algunos de mis sueños,
suspira, a veces grita,
ruega por esa piedad
que a ambos nos lastima.

Luego llora y me mira,
me dice que no lo deje,
que sin mi el sol lo enfría.
Entonces acaricio sus cabellos invisibles
le tomo la barbilla,
limpio de si cada lagrimilla,
un beso en su frente dibujo,
le froto una mejilla,
él besando una de mis manos
cual Judas traicionando mi piel
ríe del dolor que nos desgarra,
que nos mantiene en pie,
que arrastra mi recuerdo
a sus veladas,
que arrastra su recuerdo
a cada una de mis palabras,
que no nos perdona,
ese es el dolor que nos agobia.

Queriendo olvidar su nombre
mis manos golpean su rostro,
zarandean aquel sueño
de melancólico clamor,
sonriendo con ironía
le apuñalo el corazón,
y se ríe, siempre ríe
de nuestro juego de suplicio,
pareciera que disfruta
el vacío en que vivimos.

Escupo sobre sus ojos
y en risas pendejas
escondemos el llanto,
fingimos como siempre,
decimos que nada nos duele.

Y me coge los cabellos,
me arrastra en sus senderos,
abofetea mis lagrimas de hiel,
deshilacha su tristeza
con el vacío de mi ser,
cree que es fuerte
si me patea con los pies,
hartos de buscar camino
los coso con seda fina,
con un sangriento escalofrío
los coso con desdicha,
los uno a mis manos
que le escriben todavía,
le gritan, le ansían,
sin su dolor mi vida no respira.