Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

lunes, 13 de junio de 2016

Lo que quiero

Atragantado traigo el verso que recitan sus ojos,
ahogada traigo la prosa con ginebra,
silenciada la voz, mojigata, 
mi pensamiento adula su burdo cuerpo precioso. 



Sendero de melancolía

La canícula no entibia al corazón moribundo en Mayo.

Hace tres meses que el calor infernal llegó al pueblo, como todos los años, el corazón de la Tierra que es el suelo, está partido. Ayer se le murieron sus tres últimas vacas a Trinidad, le dijo a mi tía que fue por falta de agua, pero yo creo que fue de tristeza. En éste lugar sólo se cosecha desesperanza cuando llega Mayo y el corazón de todos que de por si, ya esta seco y frío, se seca más pero ni siquiera se entibia. 

Yo le dije a Trinidad que la quiero a la buena, pero su corazón está más preocupado por seguir latiendo que por sentir "amor", entonces por eso estoy triste. 

Estoy en la cantina sólo para ver como se evapora el aguardiente mientras pienso en ella, porque es mejor pensarla aquí en un lugar donde haya personas, porque si la pienso a solas seguro que me muero de desamor y nadie se da cuenta. Aunque yo creo que me voy a beber la botella de un sólo tajo, porque el aire es capaz de emborracharse también para ´no ver como se desmorona la miseria de todas éstas vidas moribundas, más la mía, porque no sólo tengo hambre, también me duele el corazón y ese estado de enamoramiento lo he considerado peor que ésta hambre de varios días, porque como sea, engaño a las tripas con un elote a medio pudrir o con aguardiente, pero al corazón no me lo engaño ni viendo su foto, ¿Cómo no podría tenerme lástima la vida o mi propia alma? 

Ya me cansé de no llegar a casa, de quedarme dormido entre la milpa. El otro día un perro me mordió la pierna y me desperté echo la chingada, creo que el pobre ya me daba por muerto y me quería de desayuno. Aquí la miseria es tan grande que hasta los perros ya empezaron a comerse el poco pasto que les deja el ganado, aunque la mayoría de todas formas se muere. Creo que me gustaría ser uno de esos perros, así padecería el hambre y la sed, pero no un corazón quebrantado. 

La última vez que miré a Trinidad estaba desnuda, su piel apiñonada se veía naranja por efecto de los rayos del Sol que para esas horas ya andaba moribundo; su cuerpo lánguido y con finas curvas de inocencia hacía siluetas frías en el suelo....

Ya no voy a leer a Rulfo.