Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

domingo, 18 de enero de 2015

Fragmento: Calí

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Vaya que sufrió y no es que ahora no lo haga, creo que lo hace de manera diferente o más bien por alguien diferente. Si bien, en algo tuvo razón su padre fue en ese: "…olvídate de las mujeres". Clemente jamás desobedecía, pero esta vez su padre estaba muerto.

Ella se llama Calí, sí, como la ciudad de Colombia, hasta con el ritmo de la salsa en la cintura. Es bellísima, con toda la piel cobriza, teñida uniformemente, los ojos ámbar, con cuerpo lánguido y elegante, con cabello negrísimo hasta los hombros, con una sonrisa en cuarto menguante, labios pálidos y dientes hermosos. Además no le basta con ser bella, es amorosa, inteligente, amable, cálida, prudente, paciente, sonriente, feliz… ella ama la vida. Entonces cuando Clemente la vio por primera vez se enamoró profundamente y así como lo ven mis ojos, creo que para siempre.

Yo los conocí en Córdoba, en un pueblito llamado Carrizal no muy lejos del lugar en el que vivió Clemente desde niño. Nunca me dijo exactamente de donde viene, dice que si acaso vuelve a ese lugar será para dos cosas: Vender la casona o quemar todas las milpas. Creo que le duele todo y aunque sólo llora cuando habla de su madre, estoy segura de que le duele todo.

Cuando los miré sentados y Carlo me dijo: ¡Son ellos!; en seguida supe que se traían una traga que para que les cuento; nos presentó y conversamos por un par de horas, bebimos varios tintos y brandy; desde que lo conocí bebe brandy después de comer, aunque ahora también en ayunas y después de la cena. Me parecieron personas cálidas, deliciosas, interesantes.

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