Escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

martes, 14 de enero de 2014

¿Casi casi?

Lo tomé casi fuerte del brazo, quería sentir su piel exquisita antes de decirle: Miserable.

En un intento por rescatar “lo” que agonizaba, lo besé. Sacudió la cabeza como arrepentido, como odiando, como con desamor, como con tristeza…y antes de que mi lengua se ahorcará con la suya me sostuvo fuerte por la cintura y me alejó de su cuerpo en llamas. Pero yo, pero yo… perdida NO ERA YO. Enloquecida de pasión, de deseo, de calentura o de “¿amor?”, desabroche su camisa no sé como, perdí la ternura para remojar a mi cuerpo de astucia y lascivia, para recibir en la boca aquél trozo de placer que entre sus piernas ofrecía. Casi por años apaciguaba mis ganas con una simple mirada insinuante. Casi por años pensé que estaba enamorada, pero en estos momentos casi no sabía de pensamientos razonables y seguí. Así fui yo, como amante inexperta de caricias, de placeres y de cigarros; no sabía si besar aquí, allá o mirar el lejano horizonte de sus ojos que casi perdía mientras besaba su vientre. Casi me iba a tirar a éste hombre casi indeciso, ¿O ya me lo estaba tirando?...Ya casi me iba a tirar al hombre que desde que le había quitado la camisa decía ¡NO!, pero no se iba, más bien se venía entre mis pechos y decía como desquiciado pero casi en silencio:-¡Detente![…]. Ya casi me lo tiraba cuando le dije:

-Te amo

No sé si lo dije por error o porque no sé que se dice mientras casi te tiras a alguien o porque el alcohol para niñas es peor cuando se toma con refresco o simplemente porque me di cuenta de que en si, no era su carne lo que más deseaba, pues al verlo sobre el sillón casi desnudo no quería seguir tras mi deseo, más bien me deleitaba mirando sus paisajes íntimos, los estaba contemplando, volviéndolos míos para después recorrerlos con los ojos... nada más, con los puros ojos… más puros que con ojos… fue cuando me di cuenta de que estaba casi enamorada.

Después de decirle: -Te amo- se apagó la hoguera que ardía en sus ojos, las manzanas que colgaban en su rostro palidecieron, dejó de respirar, de sentir, de engañar a su amígdala mientras complacía a su cuerpo.

Entonces el silencio acostumbrado invadió el espacio entre mi cuerpo y el suyo, separamos las pasiones, nos sentamos de lado a lado, me tomó de la mano sin mirarme siquiera y así permanecimos callados por casi tres horas… comenzó a llover como casi nunca llueve en febrero y mientras yo era el ser más feliz en la tierra, él se quedo dormido.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por leerme!