Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

domingo, 24 de marzo de 2013

Mariposas

[8,9 y 10!!!]

Melancólica elegancia
la que tu risa pronuncia,
jactancia de tristeza,
ocaso mudo, dulzura
envenenada de belleza,
insomnio que no cura,
pasión teje en tu ausencia,
odia […] mata la paciencia.


De tu rostro, el enigma
son tus pupilas, tu aroma
es el de la noche, sortilegio
de la madrugada, acertijo
que alude al delirio
que siento y vivo, que elijo,
como un sublime martirio,
que me tienta a reír en borricada
si suspiro mi pasión encerrada.


Calamidad es tu risa maldito,
las mariposas vienen, se van,
tú llegaste frágil y libre,
en la nariz te me viniste a parar,
y así te fuiste, solo y débil
esa es la cruel verdad, me “dejaste”
libre, te deje escapar; ¡Huiste!
esa es la cruel verdad, me “hiciste”
fuerte, pues al mirarte caminar
comprendí que tu vida es mísera…


… esa es la cruel verdad.

Adiós, invierno.

Fue en Enero, en un día miserable, un día nublado, un día que no debió llamarse día, si no noche, ese día le vi… Simple, recargado sobre una barda, como si la barda pudiera sostener su vida casi cansada de la vida; fumaba y el cabello le resbalaba por la frente, pálido y sin sonrisa, más bien con miedo. Lo mire fijamente durante casi una hora, nadie se dio cuenta, ni él. Y así permaneció hasta después de irme, porque volví y seguía con la sonrisa desabrida entre las mejillas y seguía temblando de frío, porque ese día hacía tanto frío que quise regalarle unos tragos de licor, de ese corriente que calienta la garganta cuando el viento enfría el alma, pero me daba miedo. Entonces me senté en una banca lejana, fría, como todo… encendí aquél cigarro, del que aún recuerdo el sabor y ya sola vigile cada detalle de su rostro, de su mirada profunda y misteriosa, y saque ese cuaderno y esa pluma de tinta azul que tanto odio y empecé a escribir… “Turbio” fue la primera palabra y justo cuando decidí acercarme, cuando guarde aquella pluma, levante la mirada, se había ido. Por eso odio la tinta azul.