Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

sábado, 26 de enero de 2013

Carta a un miserable

Enero, 2013
Era de madrugada… Yo no sé porque es en la oscuridad cuando más te recuerdo, tal vez porque es cuando entro en tu abismo, en tu perra y maldita vida, en tu infierno que se convirtió también el mío. Te recordaba pero no sonreía, te recordaba pero no me “hacías” feliz.
Después de tanto abandoné la cama, y me senté en mi escritorio que aún ajeno a las sonrisas me invitaba a no dormir. Entonces no quise “amarte”, ni quise escribirte, ni quise volver a tocarte con el pensamiento, menos con la mirada, no quise “ser tuya”, ni quise volver a despertar de madrugada a causa de tu recuerdo impertinente, a causa de tu rostro triste y condenado a la desdicha, no quise fingir amar tu risa agria, ni tu mirada profunda que te ahoga en cobardía, no quise volver a mirarte nunca, no quise ver más tu titubeante andar, ni tu inseguro aire de valentía, porque sé que hasta cuando sonríes tienes miedo, porque sé que no eres NADIE, ni NADA porque TÚ no quieres.
Alguna vez quise sonreírte, un día lo hice y me devolviste el gesto, tal vez sin darte cuenta de tu “dicha” yo me sentí alegre porque sabía que aunque sea por un instante tu rostro ya no era de bastardo. Pero había días que ODIABA verte, porque tienes el don de hacer desgraciada la vida de quien mira tu rostro; esos días no quería escucharte, ni darte el saludo, ni siquiera mirarte de lejos, prefería evitar hasta el pronunciar de tu nombre. Tal vez sí conocía el motivo de mi repudio hacía ti y todo lo que es tuyo… Tenerte cerca y no poder besar ni tu sombra… Pero esa es otra historia, porque más bien te describo como DESEO y PASIÓN, sin saña de respeto. Porque sólo te respeto cuando me doy cuenta que eres el más “valiente” entre todos los hombres, por el sólo hecho de no colgarte de un árbol una tarde de invierno, porque sigues y permaneces, vives y renaces en tu maldito infierno, entonces cuando pienso en ti ME DAS LÁSTIMA, y deseo “amarte” aún cuando con la mirada me has dicho que te deje solo, pero “siento” que no puedo, aunque sé que sí. Y me has dicho que estás perdido, que estás cansado de la vida, que aquéllas mujeres han sido tuyas pero que ninguna te hace feliz, que sonríes pero no lo sientes, que tu carcajada es una trastada de la melancolía, y que fumas para mantener en tu garganta las palabras de dolor que ahí viven y matan. Entonces me pierdo en tu abismo sin invitación, me privo de las sonrisas, permanezco en silencio y guardo las palabras que cada vez que estás cerca me sobran, y no lloro porque mi compasión por tu todo no me deja, y me duele tu corazón y tu sonrisa, y me duele ser tú aunque soy yo, pero me quedo, porque no mereces sufrir solo, porque desde la primera vez que te vi me percate de la decadencia de tu vida y de tu risa sin tono.
PERO YO NO TENGO LA CULPA, ni tú eres responsable del espejo en el que me convertí, yo fui quien compró los boletos a tu mente, a tu cuerpo débil y cansado.
LLEGUÉ A PENSAR que podía amarte, pero en errores se me fue la vida… porque esa madrugada me dí cuenta que te tenía lástima, sentía pena por ti... o no sé, tal vez me enamoré de la idea de enamorarme de ti, o te convertiste en el objetivo que cuando no se alcanza: obsesiona; o no sé... tal vez fue Octubre... Enero... o el frío, aquél paisaje que te hacía lucir como tentación de otoño... Pero NO, NO, ni siquiera me agradas un poco.... Eras, fuiste verso... y así permaneces.
Y así “vivirás”, porque “vives” así. Y pasarán los inviernos, y sé que te veré toda la vida, pero JAMÁS he de amarte, nunca voy a amarte, porque confundí mi compasión y deseo, con “amor” y pasión. Quise hacerte feliz, mirarte sonreír porque en si tienes una sonrisa hermosa, pero NO… Hubiera podido hacer más, pero mi vida es bella con su todo, sin ti… Y tu infierno es tuyo, sin mí. ¡VÍVELO! Yo seré feliz.


Alejandra

domingo, 20 de enero de 2013

Culpable

Eres,
porque YO
te convertí
en lo que
eres.

Inalcanzable,
lejano,
infinito.

Eres,
porque YO
te hice verso
inmortal y
canción muda.

Callado,
burdo,
persistente.

Eres,
porque YO
sé que hasta
tu madre te
olvida, pero en
mí permaneces.

Solo,
incauto,
falaz.

Eres,
porque todos
te oyen,
pero YO
escucho hasta
tu sombra.

Risueño,
frágil,
feliz.

Eres,
porque YO
resucitó tu recuerdo
cuando lo matas
con desprecio.

Inalcanzable,
lejano,
infinito.

Eres,
porque YO
desveló tu memoria
y dormito
tu recuerdo.

Callado,
burdo,
persistente.

Eres,
porque todos
los días naces
en MIS ojos
cuando te alucino.

Persistente,
persistente,
persistente.

Eres,
porque MI
deseo te dio
vida, porque YO
le dí aliento
a tu [mi] pasión.

Callado
Callado
Callado

Y:
Solo
también eres,
pero SÓLO eres,
porque YO
te convierto
en lo que
ERES.
Eres y YO SOY
la culpable
de lo que “ERES”.