Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

sábado, 23 de octubre de 2010

TROZOS DE CERA

A: Las Lunas de Octubre

XLIV

Quisiera mi virtud primordial
fuera la paciencia,
pero tu cuerpo me conduce
a dejar atrás el corazón
y la decencia,
pues de pronto mi alma se moja
de inminente pasión
y solo se que quiero placer
de tu insolente interior.


XLV

No te apiades de mi alma mía,
pues el día que lo hagas
sabre que mi piel desgarras,
mejor se fuerte y alivia
toda la amargura que en mi radica.
Ajada este calvario
y no pidas compasión ni amparo,
pues el día que lo hagas
sabre que mi dignidad
ha erradicado
la corpulencia que ha permanecido
intacta ante lluvias y presagios.


XLVI

Buscando entre las hojas
viejas refugio,
miro tu cuerpo y sacio
lo más profundo,
eso que invade de pronto
mis ganas,
y busco y busco
y no encuentro nada.
Palpando tu imagen
el deseo me invade,
y sé que aunque te mire
no gano nada tocándome.