Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

miércoles, 30 de junio de 2010

¡ABRIGALOS!

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Dios vele sus sueños
dulces ruiseñores de primavera,
el Sol de mañana los tibie
y les regale brillosas espuelas
que apuñalen a los que su amor
de abril corromper quisieran
y acribillen a mi corazón
que lento muere por esta pasión de histeria.

El alba rece por el resuello
de sus alientos tímidos, algo raros,
que los dos expiran cuando se están besando,
con esos labios embusteros
que no aman, no la aman, ellos solo buscan
fundir su soledad en agua,
pues ella vid de miel no posee.
¡Sé que busca mi boca!
El finge, él se miente
no deja atrás lo que ya fue.

La besa y la palpa,
le sonríe y rosa su mirada,
con saña juega a enamorarla,
ella cree que la ama
tal como la calma a la nostalgia.
Cierra sus ojos, acaricia su piel sesgada,
le bebe cada lágrima,
para fusionar el calvario
que a los tres nos achaca.

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lunes, 28 de junio de 2010

REENCUENTRO



Amargo calvario,
cruel resignación
tal vez es un engaño
que me rompe el corazón.

Te tuve a mi lado
y unos tragos de licor,
fueron los aliados
de un reencuentro de dolor.

Mi lengua cual cuchillo
tu orgullo destrozo,
me miraste y me dijiste
que ninguno lo olvido.

Y hablaste, tú me hablaste
con voz de valentía,
admire tu fortaleza
y me jure no lloraría.

Tan solos como siempre,
desbordando palabras hirientes,
sentados en el suelo
creí jamás quererte.

Rencor por ti no siento
eres recuerdo que va muriendo,
¡No te odio, no te espero!
¡Ven acércate te lo ruego!

Esos ojos de diciembre,
fríos como una vigilia,
bajo un árbol de eucalipto
me asfixian con ironía.

No me arrepiento de lo dicho,
mi mente te predijo,
sabia que volverías
para hablar como hace cien días.

Pisoteaste una mañana
lo que quedaba de tí en mi,
hoy a mano estamos,
hoy tú vienes a mi.

Quise muchas veces
ser la roca que eres tú,
y olvidarte y olvidarme
sentime viva y ver la luz.

Sofocante melodía,
voz de hiedra con canela,
pareciera que el dolor que nos
causamos nos cura y nos libera.

El comienzo de esta historia
se escribió con tinta de dolor,
el final se destruye
con la decadencia de mi "amor".

El viento nos arrastro,
condujo nuestras voces,
forzó cada palabra
dejo claro que me extrañas.

Hoy al amanecer
haz lo que tú quieras,
vete o llega…
Tu dignidad me desespera.

EFLUVIO DE MARZO

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[[Diezmar de mi mente tu recuerdo
a minutos he intentado, siento mi corazón no es cuerdo,
mi muso te ha creado. Eres estruendo
inaudito que delicado va saciando
a todo lo que un día creía derrumbado,
no se que pasa…por ti, el dolor me ha abandonado.]]

I

Cantaba, yo jugaba con tu sonrisa
y bailaba, me embriagaba con tu voz
de vodka, parecía una dulce brisa
que con el descaro de tu piel feroz
me incitaba a buscar tu olor, que sumisa
a mi boca mantiene, pues se que si veloz
te aferras a mi cuerpo, la poetisa
que en mi vive se orgasmea de forma atroz.

II

Te miraba, balanceaba tu cabello
de olas cortas, soplaba sobre tu frente
el respiro de alguna aurora, era un degüello
esbozar tus labios y no poder saborear algente
tu lengua, acariciando todo aquello
que a ti te hace revivir, entre tus piernas elegante
perderme, sobre tu pecho que ardiente y bello
me mantiene tu esclava y dueña complaciente.

III

Hasta tus más tontos silencios son gota
que resbala tierna sobre mi semblante,
gota de provocación que tienta
a mi instinto animal a renuente
pensarte, que candente y sofocante entinta
cada bello de mi badana inconciente,
que titubea por tu lasciva pinta
de sensual pasión, que riegas cual arte.

IV

El calor de tus palabras no me sirve,
ni la prontitud de tu cuerpo es la que me rinde,
solo tengo ganas de besarte y como un ave
dejarte libre, tomarte por las alas acorde
a tu cintura, pensando que si llueve
no veré fin a mi locura, pues si me empapo de
agua fría no calmare mi ímpetu que hierve
cual llama de nieve que me cura y fuerte arde.

V

¡Bello tan descarado!, a veces te llamo,
esa tez cual cáscara de nuez cobriza,
esa voz fresca un tanto pícara, que en un espasmo
delicioso humedece mi espalda, que se hechiza
como toda mi lánguida figura. Y sé que un aforismo
es tu ser, el cual me enseña que tu cuerpo iza
cualquier expresión de placer, y sé que el ritmo
de mi cantar tiene sentido si me regalas una triza.

VI

De ti a veces quiero todo, me detengo
y me arrastro hasta la calma de mi huida,
por eso sé que necesito tu recuerdo como letargo,
para librarme de la fogosidad que diluida
en mi sangre no me da descanso, en un lago
de amor me parto y cuando miro mi candida
expresión sobre el agua que tristemente ahogo
mi llanto, te pienso, tal vez y por desidia…

CON "D" DE DOLOR

¡Despídete! tal como las hojas
nuevas en Octubre,
que a rastras muerden la ausencia
que nos une.

¡Descíframe!, junta las sílabas
del rocío que escurre por mi espalda,
lee en mi piel que sin ti
yo no soy nada.

¡Desvístete! traiciona sobre
todas las cosas al pudor,
gime si es que quieres con mi simple
aroma de candor.

¡Desnúdame! como el otoño
a los árboles naranjas,
que suspiran y suspiro
esperando tu llegada.

¡Despreocúpate! esta noche
sí pienso en ti,
apetezco catar tu garganta,
tocarte, quererte así.

¡Desátame! de esta soberbia
complaciente, corta la soga
que a mi yugular impide
decir: Te amo y quiero verte.

¡Desespérate! de nuevo con la
inmadurez de mis palabras,
bésame las manos
y de doy mi vida desgraciada.

¡Despéiname! con tu hálito
de hierva buena con durazno
y con tu saliva sabor anís
moja mis labios desahuciados.

¡Desconócete! hoy, tan solo
un instante, entonces
recuérdame y no dejes
que de tu mente marche.

¡Despiértame! soplando por mi
oído un poco de tu amor,
abrigando con tu cuerpo niño
todo mi dolor.

¡Destrúyete! ¡Destrúyeme!
con trocitos de pasión
y un traguito empalagoso
del néctar de una flor.

¡Desaparéceme! ¡Desaparécete!
entre el éxtasis de tu carne
y la mía, murmurando
que soy tuya y no puedo irme todavía.

¡Deslízate! ¡Deslízame!
para esta oda en tu pelvis
escribir y mueve tus caderas
al son de un ritmo algo febril.

¡Decídeme! ¡Decídete!
a recorrer las laderas
de los nardos y con su simple
olor embriaguémonos un rato.

¡Desvanécete! ¡Desvanéceme!
tú en mis brazos y yo en los tuyos,
no me dejes sola
temo sin tu amparo vivir una aurora.

¡Despídeme! ¡Despídete!
tal como las hojas viejas en Marzo,
¡Acércate! un beso añoro darte,
¡No te vallas! si no, la tarde me reclama.