Dije que escribo, pero nunca dije que lo hiciera bien.

Escribo porque creo que no existe otro medio para expresar la vulgaridad de los pensamientos más íntimos sin ser reprendida por el tono de voz que uso cada vez que digo lo que siento.

viernes, 29 de octubre de 2010

EXEQUIAS

A: Mi padre

Luna de Octubre
que regala esencia escarlata,
derroca este mimbre
que del piso no me levanta,
un sigiloso calambre
para mi afónica garganta
que por un alambre
de muerte, calla, no canta.

Se desvive esta tarde
el mes que se pule naranja,
una sonrisa es en balde
tal como una paradoja
en un funeral que desde
Abril se esperaba, añeja
esta culpa el cobarde
que corazones deja, y aqueja.

Mi pintoresca mirada
se vuelve gris y socava,
aquellas ilusiones de vida
por las que un día despertaba,
maldita, tan maldita despedida,
empieza, destruye y acaba,
¡Claro que duele la perdida!,
mi corazón no lo esperaba.

No me sofoque el recuerdo
de tu mirada que amaba,
ni tu brazo algo gélido
que alguna tarde abrazaba,
cuando aquel tierno miedo
de perderte me ahogaba,
que cesaba si a mi lado
tan triste de hallaba.

Odiarte al despertar
quisiera, que el deseo de verte
no fuera, ya ni cuenta esperar,
solo si prometes verte
cada mañana sin marchar.
Por ahora Dios me haga fuerte
para mi castigo aniquilar,
mantenerme viva y tan solo dejarte…

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